Tiendas rotuladas por los tenderos, cubos de basura rotulados por los porteros. Una enorme parte de la gráfica exterior en Madrid es obra de su gente. En barrios populares, pero también en otros. Locutorios y mayoristas, pero también joyerías. Brocha gorda, pero también vinilo perfectamente perfilado por una máquina nada barata. Recursos como las letras adhesivas son seña de identidad de Madrid. Este es nuestro entorno, nuestra educación. Nuestro rasero. Nuestra cultura gráfica como sociedad.
Así, las calles se llenan de trabajos de gente movida por una genuina necesidad comunicativa, y libre de cualquier condicionamiento educacional. Sólo quien no conoce las normas puede romperlas de forma tan fructífera. Rotulistas sin formación, herramientas improvisadas, pero una carga de amor y disfrute que cuesta encontrar en trabajos profesionales.
Para quien cultiva una sensibilidad hacia la comunicación gráfica, la tipografía y sus límites, Madrid es una fiesta.